lunes, 2 de noviembre de 2015

Sobre el origen del mal ... reflexionando de amanecida.




Sobre el origen del mal

Creo que cada uno de nosotros puede comprobar en sus propias biografías que hay en el mundo gente de naturaleza diversa, pero cuando nos topamos con aquellos a los que les nace fácilmente la mala entraña los que no somos así solemos ser excepcionalmente vulnerables a sus pifias y arranques de violencia. Por regla general las motivaciones ajenas suelen sernos esquivas; más aún las de este grupo afortunadamente menor de seres menos que humanos, aunque dotados de una hábilidad e inteligencia para el daño y la perversidad. Sus verdaderas intenciones a menudo salen a relucir cuando ya han obrado mal. Pueden ser cualquier persona, tu pareja, tu familiar, tu compañero de trabajo, tu jefe, una autoridad, etc... y se encuentran en ámbitos igualmente variados.

Estos que tienen mala entraña no son ajenos al cálculo para manipular, dividir, doblegar, allanar o humillar; pues encuentran especial placer en realizar esas acciones, son astutos para encontrar tu momento de debilidad y evitar tus fortalezas, menoscaban con igual sagacidad tu autoestima de poco a poco, de menos a más; en el detalle y con la máscara de buena intención.

Puedo decir ahora con cierta precisión, que el origen del mal en el mundo proviene de estos que tienen mala entraña, sus pequeñas malidicencias y estorbos al buen proceder se acumulan en una gran maldad. Es probable que el signo de estos hijos de Caín sea un rasgo entendido mejor por lo biológico y genético, atavismo proveniente de algún momento en nuestra historia en el que la violencia y la agresión fueron cualidades deseadas para la supervivencia; y que gracias al establecimiento de la civilización fue menguando o tal vez las causas procedan más bien de otras zonas menos evidentes por no decir ocultas de la realidad.

Lo cierto es que, ante el encuentro con el de mala entraña, el otro; el que no la tiene o mejor es decir el que tiene buena entraña ha de perder siempre; y ha de ser así porque los principios que sigue y que piensa universales son ignorados por el incivilizado, quien lo único que busca es su propio provecho y el daño ajeno. El incivilizado ignora cosas como la ética, la ley, la moral, la justicia, no ama la ciencia, la lógica o la filosofía, es insensible a todo lo que brota del alma humana, como el arte, la fe u otro tipo de perfección; además busca y promueve el caos, donde a menudo oculta sus fechorías.

Algunos de los que tienen buena entraña han intentado sin éxito cambiar su naturaleza; han apostado por hacer surgir de aquella falsificación de hombre o mujer, un alma; pero la ingenuidad o la idealización exagerada les ha hecho caer en un grave error. Aquellos de mala entraña, no tienen alma; y nunca la tendrán, pueden finjir tenerla como una estrategia más para materializar sus obras perversas.

La mejor salvaguarda, es crear la mayor distancia posible de tales seres; aprende a reconocer sus estratagemas, sus modos y maneras, su lenguaje a veces lisonjero y otras abiertamente malvado y malintencionado; esa distancia te salvará de gran pesar. Por otro lado, busca a los tuyos, los de buena entraña; los que sostienen en su mirada la claridad de una vida, que no es perfecta ni está libre de errores, pero que es vivida con la paz que otorgan los altos ideales. Abraza esos ideales, que son en resumen el respeto a los demás, los buenos modales, la búsqueda de la verdad y el conocimiento y especialmente el desarrollo de la prudencia.

Notarás fácilmente, cuando empieces sistemáticamente a seleccionar el grano de la paja; que la fuerza moral de los que tienen buena entraña te encumbrará al éxito, tendrás ánimo y energía para seguir nuevos proyectos, no habrá doble interés en aquellos que se aproximen de esta manera y tu intimidad será igualmente resguardada y valorada. Fomentarás así vínculos saludables y círculos virtuosos donde tu autoestima, si se encontraba afectada, sanará. 

Termino esta breve reflexión, esperando que la recibas con algún provecho y animándote a continuar tu propio camino. Que  a pesar de las oposiciones o más bien debido a ellas, hinches tu ser con renovado optimismo.


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