En términos astronómicos un año representa la traslación completa de nuestro planeta al rededor del sol, tal prodigio se lleva a cabo en aproximadamente 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos. Cuando pensamos lo que hacemos cada uno de esos días, horas y minutos nos damos cuenta que nos hemos amoldado con relativo éxito a una serie de hábitos propios o sutilmente impuestos que tienen por finalidad evitar que nos cuestionemos demasiado nuestro lugar en el mundo o cómo actuar de manera correcta. Por otra parte, el mundo es cada vez más complejo, los mecanismos que le echan a andar también avanzan en sofisticación; el resultado es un flujo constante y abrumador de información que nuestros sentidos naturales simplemente ya no pueden procesar; cómo elegir entre cientos de posibilidades, cientos de promesas de felicidad instantánea. Ante este escenario, el ser humano simplemente se ha rendido; dejándose conducir por los sistemas y creaciones que funcionando de manera "automática" prometen aliviarle el padecimiento de tener que enfrentar su propia libertad.
Pero lo que olvida el ser humano, el individuo, es que los sistemas que ha creado con el tiempo han desarrollado una mente y propósitos propios que simplemente ignoran las necesidades de ese individuo. Así hemos llegado al 2015, probablemente asistimos al principio de la debacle de nuestra civilización; tal vez peque de una visión catastrófica; pero lo que podemos ver en términos de política, sociedad y economía (local e internacional), fenómenos naturales e impacto ambiental, investigación científica y desarrollo tecnológico pinta realmente mal.
Este último año he podido experimentar la luz y la sombra de esta humanidad de la cual no puedo sustraerme, pues como todos tengo mi cuota de responsabilidad. Es evidente que los errores individuales parecen multiplicarse con mayor rapidez que los aciertos porque, como se sabe, es más fácil destruir que construir, dado que la tendencia natural del universo es hacia el caos.
Planteado el asunto de esta manera y sumando mi experiencia vital reciente, admito experimentar cierto sentimiento de desasosiego y desesperanza al concluir este año. Sé que esto que escribo va a la contra de los buenos deseos, algarabía y bulliciosa celebración que suelen acompañar los cambios de cifras en el calendario; pero me parece que esos buenos deseos, algarabía y bulliciosa celebración que se reparte de manera impostada y artificial de alguna manera trágica empeora el problema; a no ser que toda esta expresión paroxística se pueda interpretar como un gesto irónico que como especie plantamos ante la inminencia del desastre.
Podría concluir, para suavizar mi exposición y calmar a mis lectores más sensibles con frases hechas y lugares comunes como aquello de "la esperanza es lo último que se pierde" o "piensa en positivo porque atraes lo que piensas" ... pero sería una irresponsabilidad de mi parte hacerlo así porque las cosas del mundo no van a mejorar con buenos deseos, falsas expectativas ni pesando en soluciones mágicas ... si pensamos en al menos revertir uno sólo de nuestros problemas es necesario reunir la voluntad de cierto número importante de individuos, una masa crítica de seres humanos a nivel mundial, que consciente y libremente dirijan sus esfuerzos en una misma dirección y con una misma meta durante un tiempo prolongado ... y he allí la gran dificultad, porque los sistemas que nos encarcelan dispersan cualquier empresa semejante.
Siento decirlo así, pero la partida está perdida y lo está desde hace mucho tiempo atrás; lo que vemos es sólamente la falta de previsión o de interés de quienes nos precedieron ... y ahora tenemos una bomba de tiempo en nuestras manos ... ¿qué es lo que viene? ... no lo sé.Pero si has tenido la paciencia y habilidad para pasear tu vista a través de la oscuridad de mis palabras seas capaz de ver lo que yo no puedo ... y puedas rebatir con aquellos argumentos ingeniosos a los que me tienes acostubrado, la desazón que esta vez me ha tocado contarte ...





