miércoles, 11 de mayo de 2016

Libertada y Soledad


A ojos ajenos, hemos de parecer raros o de otra especie los que buscamos la calma, el sosiego de una habitación solitaria o aquel lugar escondido de la ciudad. Los que somos así, hacemos esto para crear, escuchando aquella voz interior que en amena charla nos hace vislumbrar en breves fogonazos de lucidez las realidades más insólitas del cosmos, la ciencia, la filosofía o el arte. Quien ignora este placer, tal vez aún no haya explorado lo recóndito de su alma, lugar donde se esconde el verdadero tesoro de la vida. Cuando el mundo nos invade o nos abruma con sus prisas, algo de esa magia se rompe, caemos en el olvido de quiénes somos y enfermamos o morimos en vida. Krishnamurti sabía lo que decía al afirmar lo siguiente: “No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma.” En esa línea voy, y a pesar de ir errando como todos, aún no se me ha dado por nombrar por bueno lo malo, sigo junto a unos cuantos rebeldes, la estrecha senda del libre pensamiento, aquella que no da nada por hecho pero que goza de independencia y libertad. Hoy este sentimiento es más necesario que nunca, especialmente cuando el abuso del poderoso, entendiéndose como poder todo tipo de control o dominio sobre quien manifiesta alguna forma de vulnerabilidad, se sistematiza en torno al concepto de "canibalismo". El remedio, está allí donde siempre estuvo, apropiándote de tu vida y tiempo haces mella en los esfuerzos permanentes y soterrados de un sistema corrupto, por amansarte o apaciguar tus ímpetus de cambio y superación. Este “canibalismo”, ocurre de muchas maneras, pero principalmente se ocupa de mantener entretenida tu mente con estímulos superficiales, quitándote fuerzas para pensar con claridad, sobresaturándote de información, inculcándote deseos insanos, adoctrinándote para la siguiente compra o producto, invadiendo tu tiempo y espacio privado disfrazado de diversión o trabajo. Pero nunca esperes de aquel sistema alguna respuesta profunda o bella, nunca habrá una buena noticia para quienes indagan en el misterio de la existencia o quienes busquen el bien común a través de la inteligencia; esas verdades estarán reservadas a quienes detienen un poco la marcha y son capaces de apreciar el perfecto vuelo de las aves en bandada o lo hermoso que es un paseo alrededor de la manzana de tu casa a las seis de la tarde, porque esas son proezas del intelecto que no acuden a uno fácilmente sino que es necesario convencerlas, invocándolas pacientemente a descender de aquel reino de las ideas eternas. En fin, hasta aquí ya me he extendido mucho este día. Es posible que vuelva luego a fastidiar con más ideas inoportunas. Será hasta entonces.



MeOC.
Jesús María, 11 de mayo de 2016.

domingo, 27 de diciembre de 2015

A contracorriente - este año que termina ...


En términos astronómicos un año representa la traslación completa de nuestro planeta al rededor del sol, tal prodigio se lleva a cabo en aproximadamente 365  días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos. Cuando pensamos lo que hacemos cada uno de esos días, horas y minutos nos damos cuenta que nos hemos amoldado con  relativo éxito a una serie de hábitos propios o sutilmente impuestos que tienen por finalidad evitar que nos cuestionemos demasiado nuestro lugar en el mundo o  cómo actuar de manera correcta. Por otra parte, el mundo es cada vez más complejo, los mecanismos que le echan a andar también avanzan en sofisticación;  el resultado es un flujo constante y abrumador de información que nuestros sentidos naturales simplemente ya no pueden procesar; cómo elegir entre cientos de posibilidades, cientos de promesas de felicidad instantánea. Ante este escenario, el ser humano simplemente se ha rendido; dejándose conducir por los sistemas y creaciones que funcionando de manera "automática" prometen aliviarle el padecimiento de tener que enfrentar su propia libertad.

Pero lo que olvida el ser humano, el individuo, es que los sistemas que ha creado con el tiempo han desarrollado una mente y propósitos propios que simplemente ignoran las necesidades de ese individuo. Así hemos llegado al 2015, probablemente asistimos al principio de la debacle de nuestra civilización; tal vez peque de una visión catastrófica; pero lo que podemos ver en términos de política, sociedad y economía (local e internacional), fenómenos naturales e impacto ambiental, investigación científica y desarrollo tecnológico pinta realmente mal.

Este último año he podido experimentar la luz y la sombra de esta humanidad de la cual no puedo sustraerme, pues como todos tengo mi cuota de responsabilidad. Es evidente que los errores individuales parecen multiplicarse con mayor rapidez que los aciertos porque, como se sabe, es más fácil destruir que construir, dado que la tendencia natural del universo es hacia el caos.

Planteado el asunto de esta manera y sumando mi experiencia vital reciente, admito experimentar cierto sentimiento de desasosiego y desesperanza al concluir este año. Sé que esto que escribo va a la contra de los buenos deseos, algarabía y  bulliciosa celebración que suelen acompañar los cambios de cifras en el calendario; pero me parece que esos buenos deseos, algarabía y bulliciosa celebración que se reparte de manera impostada y artificial de alguna manera trágica empeora el problema; a no ser que toda esta expresión paroxística se pueda interpretar como un gesto irónico que como especie plantamos ante la inminencia del desastre.

Podría concluir, para suavizar mi exposición y calmar a mis lectores más sensibles con frases hechas y lugares comunes como aquello de "la esperanza es lo último que se pierde" o "piensa en positivo porque atraes lo que piensas" ... pero sería una irresponsabilidad de mi parte hacerlo así porque las cosas del mundo no van a mejorar con buenos deseos, falsas expectativas ni pesando en soluciones mágicas ... si pensamos en al menos revertir uno sólo de nuestros problemas es necesario reunir la voluntad de cierto número importante de individuos, una masa crítica de seres humanos a nivel mundial, que consciente y libremente dirijan sus esfuerzos en  una misma dirección y con una misma meta durante un tiempo prolongado ... y he allí la gran dificultad, porque los sistemas que nos encarcelan dispersan cualquier empresa semejante.

Siento decirlo así, pero la partida está perdida y lo está desde hace mucho tiempo atrás; lo que vemos es sólamente la falta de previsión o de interés de quienes nos precedieron ...  y ahora tenemos una bomba de tiempo en nuestras manos ... ¿qué es lo que viene? ... no lo sé.Pero si has tenido la paciencia y habilidad para pasear tu vista a través de la oscuridad de mis palabras seas capaz de ver lo que yo no puedo ... y puedas rebatir con aquellos argumentos ingeniosos a los que me tienes acostubrado, la desazón que esta vez me ha tocado contarte ... 

miércoles, 9 de diciembre de 2015

El mensaje del silencio


Poco sabe el hombre del siglo XXI de la sabiduría de los antiguos; permanentemente sumergido en la bulla tecnológica; anda pisando el borde de la locura y la sin razón. Son masas de individuos que corren agitados malvadamente unos contra otros, pisándose y matándose; en una competencia sin sentido por cosas perecederas, creaciones que finalmente le dominan y esclavizan; apoderándose de sus deseos e identidades.

Poco se sabe, porque no se desea hacer conocer esto, que la calma  que nace de permanecer quietos en el presente, en el aquí y ahora; restablece la esencia humana y enseña la ciencia que ha sido olvidada. El ejercicio de poner una señal de "Stop" en algún punto del día, obra casi mágicamente. Se trata de ganar perspectiva, recordando en primer lugar que ocupamos un lugar que es nada al compararlo con la totalidad del cosmos y vivimos un tiempo tan efímero que a penas nos da para vislumbrar una pequeñísima fracción de aquello que llamamos "la verdad".

Ese tiempo que se nos da como un regalo aquí en el mundo y que por una vieja costumbre medimos en años, no llega siquiera en promedio a un centenar de estos. Nos ocupamos esmeradamente en desperdiciarlos quejándonos de nuestra mala suerte y de la buena suerte de los demás; y por elección ignoramos las verdaderas potencias que habitan detrás de la gran ilusión, el gran sueño.

El miedo a ser uno mismo


Esta esclavitud o sometimiento del ser humano a su creación, tiene una "ventaja", y es que le exime de hacerse cargo de sí mismo, de elegir libremente corriendo el riesgo de equivocarse. Nuevamente sumergido en sus embotados sentidos pasa de largo de la responsabilidad de hacerse alguien y construir su identidad, prefiere en cambio construir elementos ficticios (sistemas legales, religiosos y científicos) para sustentar con cierto efectismo sus creencias.

A este ser humano le aterra preguntarse por su verdadera razón de ser en el mundo o por la naturaleza de la realidad. Escapa cuando se le cuestiona por su responsabilidad con el prójimo y el mundo natural.

Muchos viven sus vidas ocultos detrás de falsas ilusiones, encadenados a sus vicios, contaminando al resto del mundo con la propaganda de un sistema perfecto; un mundo feliz o lo que es lo mismo en un permanente estado de alienación.

La triste realidad es que a la larga, un mundo falso se derrumba pronto y te enfrentas de pronto con los demonios que emergen de sus ruinas. Hablo de los trastornos mentales, depresión, ansiedad, trastornos del sueño, adicciones, entre otros. 

Despertando de un mal sueño


Para romper con el hechizo y la fascinación del mundo ilusorio es crucial apropiarse de los sentidos. Esto se logra dejando paulatinamente todos aquellos estímulos que nos aprisionan y embelesan. Esto significa alejarse de todo lo sobrecargado y exagerado, contenidos basura de los medios de comunicación, sonidos fuertes y escandalosos, sabores y olores artificiales, etc...

Ya liberados los sentidos de sus cadenas, será más sencillo dirigirlos a un nuevo centro de atención, uno mismo presente en el aquí y ahora; el punto donde todo cuestionamiento encuentra finalmente su respuesta.


Una respuesta que es todo lo contrario a preocupaciones por el futuro o recuerdos de malos momentos del pasado. En tal situación simplemente se vive, se está en total regocijo con el propio ser siendo a su vez elemento infinitesimal de un gran puzzle ordenado. Esa perspectiva se entiende como el sentido de la vida, donde cada hecho se explica a sí mismo perdiendo su importancia como pierde el ego la suya al encontrarse con lo inefable.

Esto es lo que los sabios de otras eras encontraron tal vez con mayor facilidad al no tener que enfrentar una maquinaria tan poderosa y perfeccionada a través de la historia; maquinaria creada para distraernos de nuestra meta, el despertar. Me refiero al mensaje que oculta el silencio, entendido no únicamente como la ausencia de ondas sonoras sino de todo tipo de ruido mental. Eres un pensamiento nacido en el centro del universo que ahora piensa en la posibilidad de otros nuevos universos.

Quienes meditan lo entenderán perfectamente. La quietud trae consigo un tipo especial de conocimiento, uno que conecta con nuestra esencia humana mostrándonos el camino a seguir. La plena conciencia de que todo es posible se nutre de este conocimiento y el mecanismo para lograrlo es simplemente dejar de insistir en lo pernicioso y egoísta de los modelos convencionales.


Unos cuantos consejos

Anímate a emprender un camino nuevo y mucho más simple siguiendo algunas de estas pautas que en lo personal me fueron de gran ayuda.

1. Deja de desear insistentemente las riquezas y glorias del mundo material.
2. Actúa por convicción siempre adherido a los grandes ideales de la humanidad.
3. Sé prudente.
4. Escucha a tu voz interior.
5. No te sobrecargues de trabajo.
6. Reconoce a tus amigos.
7. Reconoce a tus enemigos.
8. Respira lento y pausado.
9. Realiza una buena obra cada día o simplemente ten "buena onda" con los demás.
10. Cumple tus sueños.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Sobre el origen del mal ... reflexionando de amanecida.




Sobre el origen del mal

Creo que cada uno de nosotros puede comprobar en sus propias biografías que hay en el mundo gente de naturaleza diversa, pero cuando nos topamos con aquellos a los que les nace fácilmente la mala entraña los que no somos así solemos ser excepcionalmente vulnerables a sus pifias y arranques de violencia. Por regla general las motivaciones ajenas suelen sernos esquivas; más aún las de este grupo afortunadamente menor de seres menos que humanos, aunque dotados de una hábilidad e inteligencia para el daño y la perversidad. Sus verdaderas intenciones a menudo salen a relucir cuando ya han obrado mal. Pueden ser cualquier persona, tu pareja, tu familiar, tu compañero de trabajo, tu jefe, una autoridad, etc... y se encuentran en ámbitos igualmente variados.

Estos que tienen mala entraña no son ajenos al cálculo para manipular, dividir, doblegar, allanar o humillar; pues encuentran especial placer en realizar esas acciones, son astutos para encontrar tu momento de debilidad y evitar tus fortalezas, menoscaban con igual sagacidad tu autoestima de poco a poco, de menos a más; en el detalle y con la máscara de buena intención.

Puedo decir ahora con cierta precisión, que el origen del mal en el mundo proviene de estos que tienen mala entraña, sus pequeñas malidicencias y estorbos al buen proceder se acumulan en una gran maldad. Es probable que el signo de estos hijos de Caín sea un rasgo entendido mejor por lo biológico y genético, atavismo proveniente de algún momento en nuestra historia en el que la violencia y la agresión fueron cualidades deseadas para la supervivencia; y que gracias al establecimiento de la civilización fue menguando o tal vez las causas procedan más bien de otras zonas menos evidentes por no decir ocultas de la realidad.

Lo cierto es que, ante el encuentro con el de mala entraña, el otro; el que no la tiene o mejor es decir el que tiene buena entraña ha de perder siempre; y ha de ser así porque los principios que sigue y que piensa universales son ignorados por el incivilizado, quien lo único que busca es su propio provecho y el daño ajeno. El incivilizado ignora cosas como la ética, la ley, la moral, la justicia, no ama la ciencia, la lógica o la filosofía, es insensible a todo lo que brota del alma humana, como el arte, la fe u otro tipo de perfección; además busca y promueve el caos, donde a menudo oculta sus fechorías.

Algunos de los que tienen buena entraña han intentado sin éxito cambiar su naturaleza; han apostado por hacer surgir de aquella falsificación de hombre o mujer, un alma; pero la ingenuidad o la idealización exagerada les ha hecho caer en un grave error. Aquellos de mala entraña, no tienen alma; y nunca la tendrán, pueden finjir tenerla como una estrategia más para materializar sus obras perversas.

La mejor salvaguarda, es crear la mayor distancia posible de tales seres; aprende a reconocer sus estratagemas, sus modos y maneras, su lenguaje a veces lisonjero y otras abiertamente malvado y malintencionado; esa distancia te salvará de gran pesar. Por otro lado, busca a los tuyos, los de buena entraña; los que sostienen en su mirada la claridad de una vida, que no es perfecta ni está libre de errores, pero que es vivida con la paz que otorgan los altos ideales. Abraza esos ideales, que son en resumen el respeto a los demás, los buenos modales, la búsqueda de la verdad y el conocimiento y especialmente el desarrollo de la prudencia.

Notarás fácilmente, cuando empieces sistemáticamente a seleccionar el grano de la paja; que la fuerza moral de los que tienen buena entraña te encumbrará al éxito, tendrás ánimo y energía para seguir nuevos proyectos, no habrá doble interés en aquellos que se aproximen de esta manera y tu intimidad será igualmente resguardada y valorada. Fomentarás así vínculos saludables y círculos virtuosos donde tu autoestima, si se encontraba afectada, sanará. 

Termino esta breve reflexión, esperando que la recibas con algún provecho y animándote a continuar tu propio camino. Que  a pesar de las oposiciones o más bien debido a ellas, hinches tu ser con renovado optimismo.


Puedes oir el artículo aquí:

lunes, 26 de octubre de 2015

Cuaderno de campo: maestros y señales

Has de saber mortal, que la ilusión de poseer un alma
 te hermana con los dioses, que son al mismo tiempo
 fantasmagorías de una mente temerosa de la realidad
 y creadores de mundos infinitos. 


Viejas lecciones del mundo natural


Hace muchos años me encontraba caminando sin rumbo ni conciencia por una de las tantas avenidas de la ciudad de Lima, iba junto a otros ciudadanos meditando en mis problemas, ensimismado en las preocupaciones cotidianas, cabeza gacha. 

Recuerdo que era verano y el calor del sol empezaba a molestar, pero por suerte estaba cerca de un parque lleno de árboles frondosos cuyas copas cubrían con sus sombras parte del camino. Ese breve descanso que me permití me abrió las puertas a un hecho que, aunque ahora parece algo evidente y pueril, en su momento significó una gran lección de vida. 

Era el año de 1997, los problemas familiares y de salud habían confabulado junto con las carencias económicas para derribar lo que quedaba de mi optimismo en la vida y el futuro, el país vivía una situación política y social decadente, empezaba a agudizarse la pérdida de valores que hoy ha alcanzado alturas estratosféricas. 

Fatigado, no por la caminata sino espiritualmente, apoyé mi espalda y cabeza sobre uno de los árboles que mencioné, parecía el más viejo de todos, esto lo supe por su altura y la compleja ramificación de sus raíces que llegaban a deformar las veredas de la calle. 

Por la postura que adopté podía apreciar la belleza apacible del techo verde formado por las hojas y ramas de este minúsculo bosquecito. La visión era maravillosa, la luz del sol que minutos antes me cegaba se filtraba en hermosos patrones a través de los pequeños claros entre hojas y ramas, jaulas abiertas desde donde provenía un griterío de multitud de pájaros que tomaba por asalto mis oídos y mi mente, de inmediato un pensamiento surgió espontáneo: ¡cuanta felicidad puede albergar unos metros cuadrados de naturaleza!. Luego, el viento sopló con violencia agitando las hojas, las ramas y los pájaros; las canciones cesaron para dar lugar al ruido de la calle, ese otro escenario urbano que coexistía a unos metros de distancia. 

Quería invitar a los otros paseantes, transeúntes de cabeza gacha, a ingresar a este pequeño recinto de soledad y paz; una burbuja protectora, un oasis de ramas, hojas y pájaros; pero nadie levantaba su vista porque seguían atrapados en sus pesares y dramas particulares. 

Entonces vino el conocimiento, yo era como ellos, padecía la angustia de verme expulsado del paraíso, experimentando en soledad la incertidumbre de la existencia; pero ese vacío se llenó súbitamente con la muestra de realidad patente de que ese árbol sosteniendo mi peso, había nacido y crecido siglos atrás; arrojado también al mismo mundo incierto e imperfecto que me angustiaba, se había fortalecido a pesar de eso aprendiendo a moverse con el viento, creando vida a su alrededor, sirviendo de apoyo para quien desee refugiarse un momento de sus penas. 

Maravillado por tal pensamiento, mi corazón latió con nuevos bríos. Pensé, si ese árbol pudo surgir de una humilde semilla cosechada por el viento para convertirse en un ser espléndido de sabiduría silente entonces aún quedaban esperanzas para mi. 

Con este nuevo sentimiento me volví hacía él extendiendo mi brazo derecho hasta tocar la superficie de su tronco lleno de surcos con la palma de mi mano, no tenía nada que obsequiarle a cambio de su auxilio así que pronuncié en voz baja y con sentida reverencia unas frases de gratitud. Ese momento está presente en mi recuerdo como un renacimiento por lo que una vez al año paseo por el mismo lugar para visitar a mi antiguo maestro constatando cada vez como se mantiene su autoridad imponente frente a los otros árboles. 

Aprendí muchas cosas aquel día, no solamente que podía ser más de lo que era si me lo proponía o que un simple cambio de perspectiva te puede transformar y sanar; sino que detrás de formas humildes y sencillas se suelen esconder las señales que nos ayudan a continuar el viaje.


Puedes escuchar el artículo aquí:

viernes, 23 de octubre de 2015

Una piedra en el zapato y los gatos que maullan a las tres de la mañana



La expresión popular "tener una piedra en el zapato", hace referencia a cualquier tipo de incomodidad o inconveniente que lacere, dañe o afecte nuestra buena disposición y humor; además de impedir en los casos más extremos, la conclusión de algún trabajo o asignación de cierta importancia y que requiera de la totalidad de nuestros sentidos puestos en tal empresa. Los que han tenido alguna vez una piedra en el zapato, hablando literalmente, sabrán que por más pequeña que esta sea, su impertinencia convoca en nuestro ser más profundo, sentimientos propios de los infiernos. Algunos, los más conformistas, suelen convertir su "piedra en el zapato", en "su cruz", otro eufemismo que encierra complejos procesos mentales dignos de analizarse que a menudo nos conduce a tolerar lo intolerable o a justificar lo injustificable.


Un coro de gatos

Desde hace varias semanas he sido testigo de una extraña reunión cada madrugada; y es que cerca de las tres de la mañana los gatos del vecindario se han puesto de acuerdo en reunirse en la calle donde vivo a poner en práctica sus mejores vocalizaciones, llamado de apareamiento para algunos o simplemente la prueba de una siempre sospechada conspiración felina.

Dejando de lado las posibles explicaciones de tan inesperado fenómeno, el evento despertó en mí ciertas cuestiones acerca de la pertenencia, o más bien a la necesidad de pertenecer siempre a un grupo, cultura o sociedad que con los gatos compartimos los seres humanos.

Esta necesidad gregaria, sustentada curiosamente en intereses egoístas, termina por definir la sociedad (entendida como agrupación de individuos). La forma final que adopte dicha asociación y la calidad de los individuos que la conforman tendrá luego efecto en el fenómeno emergente de su organización, la cultura.

Pensando en esto, observaba al grupo de gatos rondando el vecindario y reconocí entre ellos a algunos; serenas mascotas de mis vecinos durante el día, ahora adoptando roles, conductas y comportamientos exóticos por decir lo menos.

Surgen los líderes del gaterío, los machos alfa, los seguidores, el más bizarro y el más tímido, el cazador, el que le gusta la gente, el chúcaro, el pensador, entre otras personalidades. Lo sorprendente es que dependiendo de las combinaciones en que se agrupen estas personalidades individuales, el coro de gatos asume distintos colores.

Las sociedades humanas, salvando las distancias de complejidad, se comportan de igual manera; los distintos individuos, sus calidades y talentos, conocimientos y experiencias, conducen a la construcción de sociedades más o menos armónicas, coherentes y éticas.

Pero a diferencia de las sociedades animales, la humana es sustentadora de cultura. Este hecho además de impresionante es a la vez nuestra fortaleza y debilidad. Sucede que aquella secuencia de la que hablé líneas arriba (individuo, sociedad, cultura) también tiene un flujo inverso, de retorno; donde la cultura existe con anterioridad al individuo, con todo lo bueno y malo que esta contenga, dando forma constantemente a la sociedad, influyendo nuevamente en el individuo a través de los mecanismos del aprendizaje. De esta manera, la cultura individualista por ejemplo conformada por creencias y una ética particular, condiciona estructuras sociales cerradas poco afectas a la ayuda social y a la distribución equitativa de la riqueza, a su vez este tipo de sociedad prácticamente obliga al individuo a ser más desconfiado terminando por encerrarse en sí mismo, con el costo patológico que esto conlleva y distorsiones afectivas que le envilece.

... Y, ¿qué pasa con las piedras en el zapato?

Los problemas que experimentamos en nuestra sociedad, los cuales no necesito enumerar pero sí caracterizar como verdaderas "piedras en el zapato", son los obstáculos para lograr nuestro desarrollo y progreso como especie. Al confrontar, el estudio de la historia universal y los reportes periodísticos se nos pinta una situación que se repite una y otra vez como una de las principales causas de estas "piedras en el zapato", esto es la necesidad de dominar al otro. 


Es como reza la frase latina popularizada por Thomas Hobbes, "Homo homini lupus", este deseo insano conduce a ciertos individuos a buscar sistemáticamente el poder, a crear sistemas legales, económicos, políticos y sociales para mantenerse en esa situación, a pactar alianzas poco beneficiosas para la mayoría y a justificar lo injustificable, o lo que es lo mismo a permitir todo tipo de injusticia y horror al que asistimos en el presente por obra y gracia de los medios de comunicación y del cual se nos abstrae delicadamente otra vez por obra y gracia de los mismos medios de comunicación, así se obtiene la fórmula que logra el equilibrio necesario entre miedo y dopaje.

La meta es construir sociedades complacientes, poco críticas, fáciles de manejar y con poca o nada de iniciativa. Conformes con una realidad materialista que estratifica según el provecho que pueda obtenerse de cada quien y no por su verdadera valía. Este sistema le dice adiós, a los viejos sueños y promesas de un proyecto humano superior, que cada vez se vuelve más utópico e irrealizable.

Conclusiones


  1. Las "piedras en el zapato" a las que me refiero son los males de nuestra sociedad, absorbidos por la cultura y aceptados como "cruces" (hechos tolerados ante la promesa de bendiciones futuras) por los individuos. 
  2. Las instituciones sociales (familia, poder político, religión, sistema educativo, etc... ) tienen como meta principal mantener el estado de las cosas, para el beneficio de unos pocos.
  3. El origen del mal se encuentra en el deseo de la obtención del poder por el poder y para el control del otro (en última instancia, la satisfacción del Ego).
  4. A su vez, la élite que se conforman en torno a este poder, pacta para conformar una cultura (entendida como conjunto de creencias, costumbres, ética, leyes, productos de consumo masivo, conflictos sociales, etc...) que le asegure su situación privilegiada y que le ayude a someter a las masas ensimismadas en "sueños de opio".
  5. Finalmente, poniendo algo de humor al asunto, de seguir este camino, auguro que la conspiración de los gatos pronto no encontrará resistencia si es que no ha triunfado aún.

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