miércoles, 11 de mayo de 2016

Libertada y Soledad


A ojos ajenos, hemos de parecer raros o de otra especie los que buscamos la calma, el sosiego de una habitación solitaria o aquel lugar escondido de la ciudad. Los que somos así, hacemos esto para crear, escuchando aquella voz interior que en amena charla nos hace vislumbrar en breves fogonazos de lucidez las realidades más insólitas del cosmos, la ciencia, la filosofía o el arte. Quien ignora este placer, tal vez aún no haya explorado lo recóndito de su alma, lugar donde se esconde el verdadero tesoro de la vida. Cuando el mundo nos invade o nos abruma con sus prisas, algo de esa magia se rompe, caemos en el olvido de quiénes somos y enfermamos o morimos en vida. Krishnamurti sabía lo que decía al afirmar lo siguiente: “No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma.” En esa línea voy, y a pesar de ir errando como todos, aún no se me ha dado por nombrar por bueno lo malo, sigo junto a unos cuantos rebeldes, la estrecha senda del libre pensamiento, aquella que no da nada por hecho pero que goza de independencia y libertad. Hoy este sentimiento es más necesario que nunca, especialmente cuando el abuso del poderoso, entendiéndose como poder todo tipo de control o dominio sobre quien manifiesta alguna forma de vulnerabilidad, se sistematiza en torno al concepto de "canibalismo". El remedio, está allí donde siempre estuvo, apropiándote de tu vida y tiempo haces mella en los esfuerzos permanentes y soterrados de un sistema corrupto, por amansarte o apaciguar tus ímpetus de cambio y superación. Este “canibalismo”, ocurre de muchas maneras, pero principalmente se ocupa de mantener entretenida tu mente con estímulos superficiales, quitándote fuerzas para pensar con claridad, sobresaturándote de información, inculcándote deseos insanos, adoctrinándote para la siguiente compra o producto, invadiendo tu tiempo y espacio privado disfrazado de diversión o trabajo. Pero nunca esperes de aquel sistema alguna respuesta profunda o bella, nunca habrá una buena noticia para quienes indagan en el misterio de la existencia o quienes busquen el bien común a través de la inteligencia; esas verdades estarán reservadas a quienes detienen un poco la marcha y son capaces de apreciar el perfecto vuelo de las aves en bandada o lo hermoso que es un paseo alrededor de la manzana de tu casa a las seis de la tarde, porque esas son proezas del intelecto que no acuden a uno fácilmente sino que es necesario convencerlas, invocándolas pacientemente a descender de aquel reino de las ideas eternas. En fin, hasta aquí ya me he extendido mucho este día. Es posible que vuelva luego a fastidiar con más ideas inoportunas. Será hasta entonces.



MeOC.
Jesús María, 11 de mayo de 2016.