domingo, 27 de diciembre de 2015

A contracorriente - este año que termina ...


En términos astronómicos un año representa la traslación completa de nuestro planeta al rededor del sol, tal prodigio se lleva a cabo en aproximadamente 365  días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos. Cuando pensamos lo que hacemos cada uno de esos días, horas y minutos nos damos cuenta que nos hemos amoldado con  relativo éxito a una serie de hábitos propios o sutilmente impuestos que tienen por finalidad evitar que nos cuestionemos demasiado nuestro lugar en el mundo o  cómo actuar de manera correcta. Por otra parte, el mundo es cada vez más complejo, los mecanismos que le echan a andar también avanzan en sofisticación;  el resultado es un flujo constante y abrumador de información que nuestros sentidos naturales simplemente ya no pueden procesar; cómo elegir entre cientos de posibilidades, cientos de promesas de felicidad instantánea. Ante este escenario, el ser humano simplemente se ha rendido; dejándose conducir por los sistemas y creaciones que funcionando de manera "automática" prometen aliviarle el padecimiento de tener que enfrentar su propia libertad.

Pero lo que olvida el ser humano, el individuo, es que los sistemas que ha creado con el tiempo han desarrollado una mente y propósitos propios que simplemente ignoran las necesidades de ese individuo. Así hemos llegado al 2015, probablemente asistimos al principio de la debacle de nuestra civilización; tal vez peque de una visión catastrófica; pero lo que podemos ver en términos de política, sociedad y economía (local e internacional), fenómenos naturales e impacto ambiental, investigación científica y desarrollo tecnológico pinta realmente mal.

Este último año he podido experimentar la luz y la sombra de esta humanidad de la cual no puedo sustraerme, pues como todos tengo mi cuota de responsabilidad. Es evidente que los errores individuales parecen multiplicarse con mayor rapidez que los aciertos porque, como se sabe, es más fácil destruir que construir, dado que la tendencia natural del universo es hacia el caos.

Planteado el asunto de esta manera y sumando mi experiencia vital reciente, admito experimentar cierto sentimiento de desasosiego y desesperanza al concluir este año. Sé que esto que escribo va a la contra de los buenos deseos, algarabía y  bulliciosa celebración que suelen acompañar los cambios de cifras en el calendario; pero me parece que esos buenos deseos, algarabía y bulliciosa celebración que se reparte de manera impostada y artificial de alguna manera trágica empeora el problema; a no ser que toda esta expresión paroxística se pueda interpretar como un gesto irónico que como especie plantamos ante la inminencia del desastre.

Podría concluir, para suavizar mi exposición y calmar a mis lectores más sensibles con frases hechas y lugares comunes como aquello de "la esperanza es lo último que se pierde" o "piensa en positivo porque atraes lo que piensas" ... pero sería una irresponsabilidad de mi parte hacerlo así porque las cosas del mundo no van a mejorar con buenos deseos, falsas expectativas ni pesando en soluciones mágicas ... si pensamos en al menos revertir uno sólo de nuestros problemas es necesario reunir la voluntad de cierto número importante de individuos, una masa crítica de seres humanos a nivel mundial, que consciente y libremente dirijan sus esfuerzos en  una misma dirección y con una misma meta durante un tiempo prolongado ... y he allí la gran dificultad, porque los sistemas que nos encarcelan dispersan cualquier empresa semejante.

Siento decirlo así, pero la partida está perdida y lo está desde hace mucho tiempo atrás; lo que vemos es sólamente la falta de previsión o de interés de quienes nos precedieron ...  y ahora tenemos una bomba de tiempo en nuestras manos ... ¿qué es lo que viene? ... no lo sé.Pero si has tenido la paciencia y habilidad para pasear tu vista a través de la oscuridad de mis palabras seas capaz de ver lo que yo no puedo ... y puedas rebatir con aquellos argumentos ingeniosos a los que me tienes acostubrado, la desazón que esta vez me ha tocado contarte ... 

miércoles, 9 de diciembre de 2015

El mensaje del silencio


Poco sabe el hombre del siglo XXI de la sabiduría de los antiguos; permanentemente sumergido en la bulla tecnológica; anda pisando el borde de la locura y la sin razón. Son masas de individuos que corren agitados malvadamente unos contra otros, pisándose y matándose; en una competencia sin sentido por cosas perecederas, creaciones que finalmente le dominan y esclavizan; apoderándose de sus deseos e identidades.

Poco se sabe, porque no se desea hacer conocer esto, que la calma  que nace de permanecer quietos en el presente, en el aquí y ahora; restablece la esencia humana y enseña la ciencia que ha sido olvidada. El ejercicio de poner una señal de "Stop" en algún punto del día, obra casi mágicamente. Se trata de ganar perspectiva, recordando en primer lugar que ocupamos un lugar que es nada al compararlo con la totalidad del cosmos y vivimos un tiempo tan efímero que a penas nos da para vislumbrar una pequeñísima fracción de aquello que llamamos "la verdad".

Ese tiempo que se nos da como un regalo aquí en el mundo y que por una vieja costumbre medimos en años, no llega siquiera en promedio a un centenar de estos. Nos ocupamos esmeradamente en desperdiciarlos quejándonos de nuestra mala suerte y de la buena suerte de los demás; y por elección ignoramos las verdaderas potencias que habitan detrás de la gran ilusión, el gran sueño.

El miedo a ser uno mismo


Esta esclavitud o sometimiento del ser humano a su creación, tiene una "ventaja", y es que le exime de hacerse cargo de sí mismo, de elegir libremente corriendo el riesgo de equivocarse. Nuevamente sumergido en sus embotados sentidos pasa de largo de la responsabilidad de hacerse alguien y construir su identidad, prefiere en cambio construir elementos ficticios (sistemas legales, religiosos y científicos) para sustentar con cierto efectismo sus creencias.

A este ser humano le aterra preguntarse por su verdadera razón de ser en el mundo o por la naturaleza de la realidad. Escapa cuando se le cuestiona por su responsabilidad con el prójimo y el mundo natural.

Muchos viven sus vidas ocultos detrás de falsas ilusiones, encadenados a sus vicios, contaminando al resto del mundo con la propaganda de un sistema perfecto; un mundo feliz o lo que es lo mismo en un permanente estado de alienación.

La triste realidad es que a la larga, un mundo falso se derrumba pronto y te enfrentas de pronto con los demonios que emergen de sus ruinas. Hablo de los trastornos mentales, depresión, ansiedad, trastornos del sueño, adicciones, entre otros. 

Despertando de un mal sueño


Para romper con el hechizo y la fascinación del mundo ilusorio es crucial apropiarse de los sentidos. Esto se logra dejando paulatinamente todos aquellos estímulos que nos aprisionan y embelesan. Esto significa alejarse de todo lo sobrecargado y exagerado, contenidos basura de los medios de comunicación, sonidos fuertes y escandalosos, sabores y olores artificiales, etc...

Ya liberados los sentidos de sus cadenas, será más sencillo dirigirlos a un nuevo centro de atención, uno mismo presente en el aquí y ahora; el punto donde todo cuestionamiento encuentra finalmente su respuesta.


Una respuesta que es todo lo contrario a preocupaciones por el futuro o recuerdos de malos momentos del pasado. En tal situación simplemente se vive, se está en total regocijo con el propio ser siendo a su vez elemento infinitesimal de un gran puzzle ordenado. Esa perspectiva se entiende como el sentido de la vida, donde cada hecho se explica a sí mismo perdiendo su importancia como pierde el ego la suya al encontrarse con lo inefable.

Esto es lo que los sabios de otras eras encontraron tal vez con mayor facilidad al no tener que enfrentar una maquinaria tan poderosa y perfeccionada a través de la historia; maquinaria creada para distraernos de nuestra meta, el despertar. Me refiero al mensaje que oculta el silencio, entendido no únicamente como la ausencia de ondas sonoras sino de todo tipo de ruido mental. Eres un pensamiento nacido en el centro del universo que ahora piensa en la posibilidad de otros nuevos universos.

Quienes meditan lo entenderán perfectamente. La quietud trae consigo un tipo especial de conocimiento, uno que conecta con nuestra esencia humana mostrándonos el camino a seguir. La plena conciencia de que todo es posible se nutre de este conocimiento y el mecanismo para lograrlo es simplemente dejar de insistir en lo pernicioso y egoísta de los modelos convencionales.


Unos cuantos consejos

Anímate a emprender un camino nuevo y mucho más simple siguiendo algunas de estas pautas que en lo personal me fueron de gran ayuda.

1. Deja de desear insistentemente las riquezas y glorias del mundo material.
2. Actúa por convicción siempre adherido a los grandes ideales de la humanidad.
3. Sé prudente.
4. Escucha a tu voz interior.
5. No te sobrecargues de trabajo.
6. Reconoce a tus amigos.
7. Reconoce a tus enemigos.
8. Respira lento y pausado.
9. Realiza una buena obra cada día o simplemente ten "buena onda" con los demás.
10. Cumple tus sueños.