lunes, 26 de octubre de 2015

Cuaderno de campo: maestros y señales

Has de saber mortal, que la ilusión de poseer un alma
 te hermana con los dioses, que son al mismo tiempo
 fantasmagorías de una mente temerosa de la realidad
 y creadores de mundos infinitos. 


Viejas lecciones del mundo natural


Hace muchos años me encontraba caminando sin rumbo ni conciencia por una de las tantas avenidas de la ciudad de Lima, iba junto a otros ciudadanos meditando en mis problemas, ensimismado en las preocupaciones cotidianas, cabeza gacha. 

Recuerdo que era verano y el calor del sol empezaba a molestar, pero por suerte estaba cerca de un parque lleno de árboles frondosos cuyas copas cubrían con sus sombras parte del camino. Ese breve descanso que me permití me abrió las puertas a un hecho que, aunque ahora parece algo evidente y pueril, en su momento significó una gran lección de vida. 

Era el año de 1997, los problemas familiares y de salud habían confabulado junto con las carencias económicas para derribar lo que quedaba de mi optimismo en la vida y el futuro, el país vivía una situación política y social decadente, empezaba a agudizarse la pérdida de valores que hoy ha alcanzado alturas estratosféricas. 

Fatigado, no por la caminata sino espiritualmente, apoyé mi espalda y cabeza sobre uno de los árboles que mencioné, parecía el más viejo de todos, esto lo supe por su altura y la compleja ramificación de sus raíces que llegaban a deformar las veredas de la calle. 

Por la postura que adopté podía apreciar la belleza apacible del techo verde formado por las hojas y ramas de este minúsculo bosquecito. La visión era maravillosa, la luz del sol que minutos antes me cegaba se filtraba en hermosos patrones a través de los pequeños claros entre hojas y ramas, jaulas abiertas desde donde provenía un griterío de multitud de pájaros que tomaba por asalto mis oídos y mi mente, de inmediato un pensamiento surgió espontáneo: ¡cuanta felicidad puede albergar unos metros cuadrados de naturaleza!. Luego, el viento sopló con violencia agitando las hojas, las ramas y los pájaros; las canciones cesaron para dar lugar al ruido de la calle, ese otro escenario urbano que coexistía a unos metros de distancia. 

Quería invitar a los otros paseantes, transeúntes de cabeza gacha, a ingresar a este pequeño recinto de soledad y paz; una burbuja protectora, un oasis de ramas, hojas y pájaros; pero nadie levantaba su vista porque seguían atrapados en sus pesares y dramas particulares. 

Entonces vino el conocimiento, yo era como ellos, padecía la angustia de verme expulsado del paraíso, experimentando en soledad la incertidumbre de la existencia; pero ese vacío se llenó súbitamente con la muestra de realidad patente de que ese árbol sosteniendo mi peso, había nacido y crecido siglos atrás; arrojado también al mismo mundo incierto e imperfecto que me angustiaba, se había fortalecido a pesar de eso aprendiendo a moverse con el viento, creando vida a su alrededor, sirviendo de apoyo para quien desee refugiarse un momento de sus penas. 

Maravillado por tal pensamiento, mi corazón latió con nuevos bríos. Pensé, si ese árbol pudo surgir de una humilde semilla cosechada por el viento para convertirse en un ser espléndido de sabiduría silente entonces aún quedaban esperanzas para mi. 

Con este nuevo sentimiento me volví hacía él extendiendo mi brazo derecho hasta tocar la superficie de su tronco lleno de surcos con la palma de mi mano, no tenía nada que obsequiarle a cambio de su auxilio así que pronuncié en voz baja y con sentida reverencia unas frases de gratitud. Ese momento está presente en mi recuerdo como un renacimiento por lo que una vez al año paseo por el mismo lugar para visitar a mi antiguo maestro constatando cada vez como se mantiene su autoridad imponente frente a los otros árboles. 

Aprendí muchas cosas aquel día, no solamente que podía ser más de lo que era si me lo proponía o que un simple cambio de perspectiva te puede transformar y sanar; sino que detrás de formas humildes y sencillas se suelen esconder las señales que nos ayudan a continuar el viaje.


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viernes, 23 de octubre de 2015

Una piedra en el zapato y los gatos que maullan a las tres de la mañana



La expresión popular "tener una piedra en el zapato", hace referencia a cualquier tipo de incomodidad o inconveniente que lacere, dañe o afecte nuestra buena disposición y humor; además de impedir en los casos más extremos, la conclusión de algún trabajo o asignación de cierta importancia y que requiera de la totalidad de nuestros sentidos puestos en tal empresa. Los que han tenido alguna vez una piedra en el zapato, hablando literalmente, sabrán que por más pequeña que esta sea, su impertinencia convoca en nuestro ser más profundo, sentimientos propios de los infiernos. Algunos, los más conformistas, suelen convertir su "piedra en el zapato", en "su cruz", otro eufemismo que encierra complejos procesos mentales dignos de analizarse que a menudo nos conduce a tolerar lo intolerable o a justificar lo injustificable.


Un coro de gatos

Desde hace varias semanas he sido testigo de una extraña reunión cada madrugada; y es que cerca de las tres de la mañana los gatos del vecindario se han puesto de acuerdo en reunirse en la calle donde vivo a poner en práctica sus mejores vocalizaciones, llamado de apareamiento para algunos o simplemente la prueba de una siempre sospechada conspiración felina.

Dejando de lado las posibles explicaciones de tan inesperado fenómeno, el evento despertó en mí ciertas cuestiones acerca de la pertenencia, o más bien a la necesidad de pertenecer siempre a un grupo, cultura o sociedad que con los gatos compartimos los seres humanos.

Esta necesidad gregaria, sustentada curiosamente en intereses egoístas, termina por definir la sociedad (entendida como agrupación de individuos). La forma final que adopte dicha asociación y la calidad de los individuos que la conforman tendrá luego efecto en el fenómeno emergente de su organización, la cultura.

Pensando en esto, observaba al grupo de gatos rondando el vecindario y reconocí entre ellos a algunos; serenas mascotas de mis vecinos durante el día, ahora adoptando roles, conductas y comportamientos exóticos por decir lo menos.

Surgen los líderes del gaterío, los machos alfa, los seguidores, el más bizarro y el más tímido, el cazador, el que le gusta la gente, el chúcaro, el pensador, entre otras personalidades. Lo sorprendente es que dependiendo de las combinaciones en que se agrupen estas personalidades individuales, el coro de gatos asume distintos colores.

Las sociedades humanas, salvando las distancias de complejidad, se comportan de igual manera; los distintos individuos, sus calidades y talentos, conocimientos y experiencias, conducen a la construcción de sociedades más o menos armónicas, coherentes y éticas.

Pero a diferencia de las sociedades animales, la humana es sustentadora de cultura. Este hecho además de impresionante es a la vez nuestra fortaleza y debilidad. Sucede que aquella secuencia de la que hablé líneas arriba (individuo, sociedad, cultura) también tiene un flujo inverso, de retorno; donde la cultura existe con anterioridad al individuo, con todo lo bueno y malo que esta contenga, dando forma constantemente a la sociedad, influyendo nuevamente en el individuo a través de los mecanismos del aprendizaje. De esta manera, la cultura individualista por ejemplo conformada por creencias y una ética particular, condiciona estructuras sociales cerradas poco afectas a la ayuda social y a la distribución equitativa de la riqueza, a su vez este tipo de sociedad prácticamente obliga al individuo a ser más desconfiado terminando por encerrarse en sí mismo, con el costo patológico que esto conlleva y distorsiones afectivas que le envilece.

... Y, ¿qué pasa con las piedras en el zapato?

Los problemas que experimentamos en nuestra sociedad, los cuales no necesito enumerar pero sí caracterizar como verdaderas "piedras en el zapato", son los obstáculos para lograr nuestro desarrollo y progreso como especie. Al confrontar, el estudio de la historia universal y los reportes periodísticos se nos pinta una situación que se repite una y otra vez como una de las principales causas de estas "piedras en el zapato", esto es la necesidad de dominar al otro. 


Es como reza la frase latina popularizada por Thomas Hobbes, "Homo homini lupus", este deseo insano conduce a ciertos individuos a buscar sistemáticamente el poder, a crear sistemas legales, económicos, políticos y sociales para mantenerse en esa situación, a pactar alianzas poco beneficiosas para la mayoría y a justificar lo injustificable, o lo que es lo mismo a permitir todo tipo de injusticia y horror al que asistimos en el presente por obra y gracia de los medios de comunicación y del cual se nos abstrae delicadamente otra vez por obra y gracia de los mismos medios de comunicación, así se obtiene la fórmula que logra el equilibrio necesario entre miedo y dopaje.

La meta es construir sociedades complacientes, poco críticas, fáciles de manejar y con poca o nada de iniciativa. Conformes con una realidad materialista que estratifica según el provecho que pueda obtenerse de cada quien y no por su verdadera valía. Este sistema le dice adiós, a los viejos sueños y promesas de un proyecto humano superior, que cada vez se vuelve más utópico e irrealizable.

Conclusiones


  1. Las "piedras en el zapato" a las que me refiero son los males de nuestra sociedad, absorbidos por la cultura y aceptados como "cruces" (hechos tolerados ante la promesa de bendiciones futuras) por los individuos. 
  2. Las instituciones sociales (familia, poder político, religión, sistema educativo, etc... ) tienen como meta principal mantener el estado de las cosas, para el beneficio de unos pocos.
  3. El origen del mal se encuentra en el deseo de la obtención del poder por el poder y para el control del otro (en última instancia, la satisfacción del Ego).
  4. A su vez, la élite que se conforman en torno a este poder, pacta para conformar una cultura (entendida como conjunto de creencias, costumbres, ética, leyes, productos de consumo masivo, conflictos sociales, etc...) que le asegure su situación privilegiada y que le ayude a someter a las masas ensimismadas en "sueños de opio".
  5. Finalmente, poniendo algo de humor al asunto, de seguir este camino, auguro que la conspiración de los gatos pronto no encontrará resistencia si es que no ha triunfado aún.

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